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Deslocalización, rumanización, un problema laboral mal resuelto.

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El problema de la deslocalización o rumanización, y el problema del exceso de modelos de contratación incluso de convenios laborales en España está trayendo un problema de dimensión europea con reproches entre países, a punto de crear un conflicto entre España y Francia. Nuestra vecina ya nos ha amenazado con cortar las inversiones en vías e infraestructuras que nos unen a Europa. Ya ha creado otro conflicto entre Polonia y Francia, además de enturbiar aquí en España las relaciones entre empresas y empresarios.

El problema son los sueldos de los conductores de países como Polonia, Rumanía, del Este o Portugal comparados con los de Francia o Alemania.

9 países de Europa central no los quieren pero España los apoya. Con la tesis de que los sueldos bajos atraen el populismo en los países como ha dicho el presidente de Francia Emmanuel Macron.

El tema que está poniendo en riesgo las relaciones entre España y Francia es un ejemplo de las disfunciones de nuestro mercado laboral y su profundo efecto sobre la economía y la convivencia. Incluso se puede decir que las disfunciones en nuestro sistema laboral son, como dice el presidente de la República Francesa, los motores de desafección en el sistema, del alto paro juvenil, de la alta rotación en los empleos y en el último caso ¿no son estos los motivos de los votantes de Podemos?, se pregunta el presidente francés.

En el caso del transporte por carretera, este problema de disfunción laboral ha trascendido a ser un problema empresarial entre empresas que se tiran los trastos a la cabeza entre asociaciones de transportistas y ahora por último entre países.

Cuando el problema es un problema de disfuncionalidad en nuestro mercado laboral. 

En el caso español, que es un país periférico, no estamos como Polonia o Rumanía en el caso de ser nuestros conductores españoles low cost, porque si no, no se habría acudido a los conductores de Rumanía y de otros países para sustituirlos.

El problema es de nuestro sistema de contratación laboral que lleva a las aberraciones de que todos los meses se hacen millones de contratos, el 92 o 94% temporales.

Es un problema de la estabilidad del empleo y de las fórmulas de compensación por el trabajo. De las altas indemnizaciones, de la nula disciplina laboral, continuamente dando los tribunales la razón al empleado en temas de disciplina laboral, y los altos costes de litigiosidad.

Un sector del transporte con sus particularidades de trabajo a distancia y de responsabilidad del trabajador no ha encontrado estos años la respuesta adecuada de nuestro sistema laboral.

Porque la rumanización y la deslocalización han venido no solo por cuestiones de coste sino por cuestiones de disponibilidad y de disposición de los conductores de esos países y por las razones apuntadas antes.

Es tal el cúmulo de factores a favor de tener empleados de terceros países que se comprende perfectamente que el 50% de las empresas españolas de transporte internacional hayan optado por esta solución, y el resto casi por externalizarlos vía cooperativas o autónomos.

Aquí, nuestro sistema laboral que ya hace poco para que los trabajadores en general y la fuerza laboral adquiera cierta estabilidad en el empleo y en las empresas, cuando en España impera un modelo de temporalidad que tira por la borda la formación y la estabilidad en el empleo no es extraño que se traslade también al transporte por carretera.

Aquí se llevan cinco décadas sin haberse movido en absoluto el modelo de convenios colectivos ampliamente diferentes sin justificación y los modelos de retribución de los conductores. Lo que se ha podido innovar se ha hecho al margen del Estatuto de los Trabajadores y los convenios y siempre con y un riesgo legal evidente, por que negociando nada se ha podido hacer. Unos no tienen voluntad, los otros ideas.

Esto ha lanzado al empleo en el sector a la precarización pero esta precarización es previa a la rumanización y a la deslocalización y no se ha comprendido, no se ha querido atajar en ningún momento y las empresas han encontrado en la llegada de los países del este a la UE, y el acceso de estos trabajadores sin restricciones al mercado de trabajo europeo, una oportunidad para esquivar y eludir un sistema de contratación perverso y que no ayuda a las empresas y cuando un sistema de contratación es malo y no ayuda a las empresas al final acaba dañando a los trabajadores, pero el gran escollo de cualquier reforma laboral en este país está en los intereses creados y nunca mejor dicho, porque son posteriores a la guerra civil, entre sindicatos, juristas y abogados laboralistas que viven de esta disfuncionalidad crítica de tener a medio país en la precariedad.

Si los sindicatos son culpables, más lo son juristas de como se dice reconocido prestigio, que no mueven un dedo para evitar dañar su modelo inflado de negocio. 

Fuente : Resultado de imagen de transcamion.es

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