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Los sindicatos piden incluir el derecho a la desconexión en el Estatuto de los Trabajadores

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La aseguradora Axa ha sido la primera empresa española en incluir el derecho de su plantilla a no responder llamadas o correos fuera del horario laboral. “El horario es el que es y nos pagan por esas horas. No se puede tolerar que haya gente que te mande un correo o te llame a horas intempestivas o en fin de semana“, dice Nieves del Moral, que negoció el convenio por parte de CCOO

UGT pide incluir este derecho en el Estatuto de los Trabajadores y la Ley de Prevención de Riesgos para evitar riesgos psicosociales 

Como país, Francia ha sido pionero en regular este derecho en su última reforma laboral. Desde el pasado 1 de enero, las empresas de más de cincuenta trabajadores tienen que negociar con sus trabajadores una especie de código de desconexión. En España, el Ministerio de Empleo ha mencionado en varias ocasiones la posibilidad de regular este derecho, pero sin ninguna concreción.

Si hay voluntad, dice Del Moral, el derecho a la desconexión puede extenderse a otras empresas. “A todos nos pagan por trabajar, el horario es el que es y nos pagan por esas horas. No se puede tolerar que haya gente que te mande un correo o te llame a horas intempestivas o en fin de semana. ¿Dónde está el descanso?“, afirma.

Regular el derecho

¿Es necesaria una regulación que garantice este derecho? Para UGT, sí. La aparición de las nuevas tecnologías y la economía digital están haciendo que se difuminen las fronteras entre vida profesional y personal, dice el sindicato. Por eso propone que, a través de la negociación entre sindicatos y patronal, se introduzca este derecho en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y en el Estatuto de los Trabajadores. Es el Estatuto el que regula la ordenación del tiempo de trabajo.

Desde la secretaría de Salud Laboral de UGT alertan de que los riesgos psicosociales se han convertido en una “importante fuente de siniestralidad laboral” y señalan que el derecho a la desconexión serviría para garantizar el descanso y el respeto a una jornada laboral que actualmente se alarga de muchas maneras diferentes.

El abogado laboralista Fabián Valero, de Zeres Abogados, cree que la regulación actual ya fija una jornada laboral que debe cumplirse. “Cuando tú suscribes un contrato estás suscribiendo una jornada concreta de trabajo. Ese es el tiempo que estás a disposición de la empresa, no más“, dice. Las profesiones en las que hay guardias u otro tipo de disposición deben contar con acuerdos y con un plus de disponibilidad.

No obstante, señala Valero, la norma actual está pensada para otro tipo de empresa: “Quizá estaría bien ampliarla, al menos, darle una vuelta“. La clave, apunta, estaría sobre todo en la negociación colectiva para que cada sector o empresa pueda adaptar ese derecho a sus condiciones concretas.

Cuando no contestar un whatsapp del jefe es un derecho laboral 

Regular el derecho del trabajador a desconectar puede quedar en papel mojado y los sindicatos abogan para que se haga en la negociación colectiva. “Una cosa es la ley, otra la realidad“, dice un abogado laboralista, que recuerda que las horas de jornada laboral establecidas en el contrato ya marcan cuándo debe trabajar un empleado y cuándo no

Lo que no queremos como trabajadores en muchas ocasiones lo exigimos como clientes o consumidores en una de ley del embudo.

La escena será habitual para muchos. Sales de la oficina por la tarde, con la jornada laboral concluida. Y apenas te has sentado en el sofá o en una terraza, te llega un mensaje del jefe. Se le ha olvidado preguntarte algo, no encuentra un dato en ese informe que le has entregado para la reunión del día siguiente. La jornada laboral no está tan concluida como pensabas.

Whatsapps tardíos del jefe, una petición de última hora de un cliente a través del email, la angustia de saber, en algunos casos, que el doble tick azul delata que hemos visto un mensaje de la oficina o de estar esperando un correo del que alguien quiere una respuesta, sean las ocho de la tarde de un martes o la una del mediodía del sábado.

Son situaciones recurrentes y con un agravante reciente. Pasada la época de las vacas gordas, cuando firmar un contrato y que la empresa te diera un móvil era prácticamente uno, las compañías tiran de los móviles particulares de sus empleados. El teléfono de la oficina, a malas, se podía apagar. Quedarse sin el móvil propio para evitar al jefe parece más complicado.

Vivimos enganchados al trabajo. Los teléfonos móviles e internet trajeron consigo (en pocos casos, pero algunos) el teletrabajo. Pero también el trabajo constante. Las líneas entre tiempo laboral y de ocio son difusas por la perenne presencia de los smartphones en nuestras vidas y lo fácil y rápido que resulta contactarnos y pedirnos algo muy concreto. Puede ser una conversación de 20 segundos, una pregunta que no cuesta nada contestar. Estamos ahí, al otro lado de la pantalla, y caemos en ello, total, son 20 segundos. Solo es una más entre las casi 100 veces al día que, de media, desbloqueamos el teléfono para mirar algo.

El problema es que, mentalmente, nos impide olvidarnos del trabajo. En España, tres de cada diez trabajadores reconocen que no son capaces de desconectar durante sus vacaciones, según un estudio de Randstad. Además, un 39% de las personas se mantiene conectada por iniciativa propia y un 56% admite que su responsable laboral espera de él o ella que esté disponible por teléfono o correo electrónico durante los periodos de descanso.

Para evitar estas situaciones, Francia ha incluido en su última reforma laboral lo que han venido a llamar “el derecho a la desconexión“. Con esta medida, las empresas de más de 50 empleados tienen que negociar con la plantilla en qué horarios los trabajadores tienen derecho a apagar el móvil y no ser molestados.

La medida es innovadora a nivel estatal, pero no pionera. En Alemania, por ejemplo, Volkswagen directamente bloquea el acceso al correo en el móvil entre 18.15 y 7.00 del día siguiente.

La patronal en España y Francia ya ha advertido de que hay sectores donde no es posible la desconexión.

El problema es cómo regular esto. Los sindicatos creen que legislar sería positivo, pero si se hace a la francesa no funcionará. “La ley francesa se enmarca en una situación de ambigüedad y queda en manos de lo que plantee la empresa“, opina Ramón Górriz, secretario de Acción Sindical de CCOO. “Tiene que hacerse en la negociación colectiva, porque depende de los sectores. Si no, pasará como con la Ley de Igualdad, que está muy bien, pero luego no se aplica“, argumenta.

Górriz abre el arco y explica que “ya existen unos derechos laborales recogidos en el Estatuto de los Trabajadores, pero también existen una precariedad, y eso presiona a cualquier trabajador a tirar sus condiciones para abajo“.

Ya existe la jornada laboral como referente

Actualmente, en España no hay ninguna legislación específica sobre la desconexión, pero sí hay una que dice que cualquier trabajador pacta con su empresa las horas laborales (40 a la semana, por ejemplo) y no tiene ninguna obligación más allá de eso. “Las horas extraordinarias son voluntarias, nadie tiene la obligación de realizarlas salvo causa de fuerza mayor, como que se inunde una nave, por ejemplo“, explica Juan Luis Ballesteros, abogado laboralista de Red Laboris.

Pero luego está la realidad. A ver quién le dice al jefe que no se queda a hacer horas extra o que pasa del sábado de convivencia. “Hay una prohibición de realizar horas extraordinarias habitualmente y, si se hacen, deben remunerarse“, explica Ballesteros. “Pero cada poco salen informaciones sobre las horas extra que no se pagan“.

¿Tendríamos derecho a negarnos? ¿Tenemos derecho a no contestar a ese email del jefe a las 21.00? ¿A salirnos de un grupo de Whatsapp del trabajo en el que nos han metido sin preguntar? “Sería [de producirse] un despido improcedente“, responde el abogado. “Pero el patrón tiene muchos currículums esperando“, añade Górriz. “Vete a juicio, que mientras estás en la calle y sin que te paguen“.

La ley del embudo

Otro problema con la desconexión es que lo que no queremos como trabajadores en muchas ocasiones lo exigimos como clientes o consumidores, en una especie de ley del embudo que mezcla desconexión y conciliación laboral y familiar. “El español piensa que a las 7 de la tarde su abogado o arquitecto tiene que estar disponible. O el que sale a esa hora del trabajo, si va a una tienda y está cerrada, no vuelve. Es un problema de empresarios, pero también de la sociedad“, sostiene Ballesteros.

¿Lo va a solucionar una ley? “Las leyes van haciendo mella. No de primeras, pero con el tiempo se iría asumiendo. Pero tengo dudas con su aplicación práctica“, plantea el abogado. “No se puede prohibir a una empresa entregar un móvil a un empleado. ¿Qué va a decir entonces la ley? ¿Que no se puede enviar un email a partir de cierta hora? Dirá que no se puede obligar al trabajador a llevarse el teléfono a casa“, se autorresponde. No lo dice abiertamente, pero en su reflexión flota la idea inicial: eso ya existe. Como el hecho de que no hay obligación de trabajar fuera del horario laboral, ni presencialmente ni a distancia.

Mientras llega la ley, o no, seguiremos recibiendo mensajes a deshora. De la comprensión de los jefes o clientes y de la posición de fuerza que tenga el empleado en la empresa dependerá que cada uno se vea más o menos obligado a contestarlos. La realidad es que un 12% de los trabajadores está quemado en el trabajo (síndrome del burnout) y, aunque no tenga por qué ser debido a la conexión permanente, vivir pendiente de que te pidan algo del trabajo en cualquier momento del día seguro que no ayuda.

Fuente : Resultat d'imatges de blog marcapolitica.com logo

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