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El salario mínimo español aún quedará a la cola de Europa en 2018

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  • En países como Alemania, Francia o Reino Unido se supera este umbral.
  • El salario mínimo oscila en Europa entre los 235 euros de Bulgaria y los 2.000 euros de Luxemburgo.
  • Pese a la subida se mantendrá por debajo del 40% del salario medio.

El salario mínimo subirá en España entre 2018 y 2020. Pero seguirá a la cola de Europa, lo que supone una muestra más de la devaluación interna que ha permitido a la economía española volver a salir a flote tras la crisis. Pese a la congelación de los salarios, el mínimo legal aún se quedará por debajo del 40% del sueldo medio que superan casi todos los países de la Unión Europea.

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Los empresarios se mantuvieron firmes en su negativa durante la crisis a la negociación de un salario mínimo mayor. De hecho, la principal asociación de empresarios, la CEOE presidida por Juan Rosell, propuso en 2011 recuperar la figura del ‘aprendiz’ o, lo que es lo mismo, de un perfil de trabajador que cobrara una cantidad inferior al salario mínimo a cambio de formación.

Las alzas del salario mínimo interprofesional están condicionadas a que el PIB crezca al menos un 2,5% real y aumenta la afiliación media en 400.000 personas en el ejercicio

Esta vez el pacto ha llegado con los agentes sociales, condicionado a que el Producto Interior Bruto (PIB) crezca al menos un 2,5% en términos reales -descontando la inflación- y un aumento de la afiliación media a la Seguridad Social por encima de las 400.000 personas en el ejercicio. El Gobierno, las patronales CEOE y Cepyme y los sindicatos CCOO y UGT han firmado alzas del 4% para 2018, hasta los 736 euros brutos o 10.304 euros anuales; del 5% para 2019, hasta los 773 euros al mes y 10.819 euros al año; y del 10% para 2020, hasta los 850 euros mensuales o 11.901 euros en el año.

Las subidas salariales permitirán recuperar poder adquisitivo a los trabajadores con menores salarios, ya que las alzas superan con creces a la inflación -promedia un 2% anual en 2017-, algo que no sucede para la mayoría de asalariados. De hecho, la remuneración por asalariado está prácticamente congelada, según los datos de Contabilidad Trimestral, tanto por la pobre revalorización de los salarios como por la firma de contratos que llevan asociados sueldos inferiores a los anteriores a la crisis.

En cualquier caso, este repunte del SMI dejará a esta referencia decretada por ley aún lejos de los estándares europeos. El año pasado, el salario mínimo de 655,2 euros representó un 35% del salario medio, que según el informe ‘EPA. Decil de salarios del empleo principal’ del INE se situó en los 1.878,1 euros. Si se aplica el salario mínimo de 2017, la ratio sube al 38% con los 707,6 euros, mientras que con los 736 euros de 2018 alcanzaría el 39%, suponiendo que se mantuviera igual la remuneración media.

POR DEBAJO DEL 40% DEL SALARIO MEDIO

La relación entre el salario mínimo y el promedio del mercado laboral continúa por lo tanto por debajo del 40%. Algo que no pasa en la mayoría de países de la Unión Europea, según datos de Eurostat. Bulgaria tiene el salario mínimo más bajo, con 235 euros en 2016, suficiente para alcanzar una ratio del 40% respecto a la remuneración media.

Mientras que el tope mínimo más alto se sitúa en Luxemburgo, con 1.998 euros al mes. Es decir, el salario mínimo luxemburgués es más alto que la remuneración media de un asalariado en España, aunque la idiosincrasia del Ducado convierte al país en un ejemplo difícilmente comparable con el resto. En su caso, el porcentaje que representa esta cifra respecto al sueldo medio de un trabajador de Luxemburgo es del 48,9%.

Hay que tener en cuenta que estas cifras se calculan con la referencia de 12 mensualidades, en vez de las 14 típicas de España donde se incluyen dos pagas extraordinarias. De esta forma, el salario mínimo interprofesional español de 2017 equivale a 825 euros. Esto es, 3,5 veces el de Bulgaria y un 40% del de Luxemburgo. En 2018 aumentará hasta una equivalencia de 859 euros en 12 pagas; en 2019, hasta los 902 euros; y en 2020, hasta los 992 euros.

Además del pequeño Estado europeo, otros cinco países tienen un salario mínimo por encima de los 1.000 euros. Entre ellos están las dos grandes economías de la Eurozona, Alemania y Francia, con 1.498 euros y 1.480 euros respectivamente. De esta forma, el sueldo más bajo que puede cobrar legalmente un alemán es el 41% de la remuneración media, según los datos de Eurostat para 2016. La oficina estadística europea sólo tiene calculada esta ratio en Francia hasta 2014, año en el que alcanzó el 47%.

Bélgica también destaca en este ranking con una cota mínima de sueldo de 1.563 euros, el 44% de lo que se paga de media en su economía a los asalariados. Mientras que en Irlanda el salario mínimo asciende hasta los 1.563 euros, lo que arroja también una ratio del 44% frente a la remuneración en promedio del mercado laboral belga. Por su parte, en Reino Unido el mínimo legal es el equivalente a 1.400 euros, alrededor del 44,2% de la media de los sueldos británicos.

El resto de países con salario mínimo tienen cotas inferiores a las de España. Sin embargo, la ratio respecto al promedio de los sueldos que se pagan en sus economía superan el 40% en todos estos casos salvo en República Checa (34,6%), Eslovaquia (37%) y Croacia (39%). En otras economías como Italia o Dinamarca no hay un mínimo global, sino que se establece en cada sector en las negociaciones colectivas entre patronales y sindicatos, lo que no evita que los daneses estén entre los trabajadores europeos con mayor salario medio. El último año para el que Eurostat tiene datos de remuneración mensual en promedio fue 2014, con 3.690 euros en Dinamarca, más que ningún otro país de la Unión Europea y sólo menos que los 5.103 euros de Suiza en el continente.

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TRABAJADORES AFECTADOS

Los modelos clásicos de economía sostienen que la injerencia pública con un salario mínimo eleva el desempleo estructural al sacar del mercado laboral a personas en activo cuya productividad sea inferior. La representación tradicional es la de dos curvas que se cruzan (oferta y demanda de empleo, que son los trabajadores y las empresas) y una recta por encima del punto de equilibrio, mostrando un área con personas que no podrán trabajar por el salario mínimo.

El BdE admite: “La evidencia empírica disponible sobre los efectos de subidas del SMI no es concluyente

Sin embargo, una de las lecciones que ha dejado la crisis es que los modelos no siempre se cumplen. No sólo esta crisis, también las del 29 o de los años 70 cuestionaron estos principios. En cualquier caso, el porcentaje de trabajadores afectados por las subidas del salario mínimo es reducido. En 2016, por ejemplo, sólo el 10% de los asalariados cobró menos de 710 euros al mes, con lo que podría verse afectado por el repunte del mínimo. La mayoría eran trabajadores de entre 16 y 34 años (el 39%) o mayores de 65 años (el 16%).

Muchos de estos empleados cobran sueldos levemente por encima del SMI. De hecho, según datos de Eurostat, en 2014 sólo el 0,2% de los asalariados españoles recibió una remuneración que se situó por debajo del 105% del salario mínimo. Este dato queda muy obsoleto con la recuperación del empleo acaecida desde 2015. De hecho, el Banco de España (BdE) sí ve riesgo sobre el empleo, ya que un empresario debe decidir entre subir el sueldo o recortar un empleo cuando el trabajador cobra una cantidad inferior a la resultante del nuevo salario mínimo.

El supervisor gobernado por Luis María Linde estimó que la subida de 2017 afecta al 3,1% de los trabajadores con una probabilidad de perder el empleo entre el grupo afectado del 3,5%, aunque ha tenido un impacto “relativamente reducido para la economía en su conjunto”, según dijo en el boletín económico del primer semestre del año. Para 2020, cuando se espera que el SMI suba hasta los 950 euros, el porcentaje de trabajadores afectados será del 12,3%, con una probabilidad entre estos asalariados de perder el empleo que asciende hasta el 11,3% entre estos asalariados. No obstante, el BdE admite: “La evidencia empírica disponible sobre los efectos de subidas del SMI no es concluyente”.

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